En los campos de batalla descubrió los horrores de la guerra y el suplicio al que se enfrentaban los heridos en brazos y piernas. Las condiciones médicas eran tan precarias que en la mayoría de los casos se hacía imprescindible la amputación del miembro herido, siendo además poco probable la curación completa del enfermo.
En una de las campañas en las que sirvió como cirujano, tuvo que enfrentarse a la escasez de medicinas, por lo que tuvo que inventar algunas nuevas con los componentes de que disponía en la botica. La nueva medicación no solo se mostró igual de eficaz que la anterior sino que la mejoró considerablemente, consiguiendo aumentar el número de curaciones en su hospital de campaña. Además, inventó un nuevo sistema para curar las heridas por amputación, consistente en atar los extremos de las venas del miembro operado, en lugar de cicatrizarlas con fuego. Este sistema efectivamente cortaba la hemorragia, pero añadía a la amputación la quemadura de tercer grado.
Tan efectivos fueron sus nuevos métodos, que fue nombrado cirujano real y no solo de un rey, sino de cuatro monarcas sucesivos.
Murió a la avanzada edad de 80 años en el año 1590. |