Laguna fue quien atendió el parto en el que desgraciadamente murió la Emperatriz. A pesar de ello, Carlos no le retiró su favor, exculpándole de cualquier responsabilidad.
Continuó a su servicio, tratándole en todo tipo de cuestiones médicas y de otras índoles, pues Laguna era un sabio completo, como había durante el Renacimiento. En el año 1544, se encuentra en Alemania, donde una epidemia de peste asola las ciudades. Pensando que era su obligación como médico, se queda allí, intentando remediar en lo posible el sufrimiento de aquellas gentes. Un año después entra al servicio del Duque de Lorena, el cual, a pesar de contar con sus experimentados servicios, muerte envenenado.
Viajará a Roma en 1549, donde su fama le permite ser el médico del Papa Julio III, aunque por desgracia, falleció en el año 1555.
Seré entonces cuando decida regresar a su Segovia natal, participando en las ceremonias más importantes de la corte, pues se le seguía considerando como imprescindible. Precisamente su último acto social sería participar en el cortejo de bienvenida de la futura reina Isabel de Valois. Su muerte se debió a un ataque hemorroidal que no pudo superar debido a lo avanzado de su edad. Era el año 1560.
Siglos después, y continuando con la vida viajera que había llevado, su cuerpo fue trasladado de lugar de enterramiento, pues fue intención que formara parte del panteón de españoles ilustres que se iba a construir en Madrid. Finalmente, la paralización del proyecto provocó un nuevo y definitivo traslado a su ciudad natal, donde reposa tranquilamente desde el año 1847. |