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Biografías

Carolina Coronado.

Carolina Coronado es una de las poetisas románticas más importantes de España, lo cual, no deja de ser poco común , en un país poco dado a reconocer los méritos intelectuales del sexo femenino. Su éxito profesional fue casi unánime. Escritores de la talla de Espronceda, o Zorrilla, la dedicaron sinceros elogios por su exquisita sensibilidad poética.

Sin embargo, las desgracias de su vida familiar y unas extraña patologías, hicieron que sus últimos años fueran dignos de cualquier novela de terror actual.

Carolina sufría de catalepsia, esa enfermedad que te deja en un estado muy similar a la muerte, lo que podía provocar un enterramiento en vida, tal y como relató magistralmente Poe en uno de sus escritos.

A ella le daban accesos de catalepsia con las emociones fuertes. La primera vez que le dio uno, despertó afortunadamente en su velatorio, dando un susto de muerte a todos los allí presentes. Los siguientes ataques le sucedieron desgraciadamente a consecuencia de la muerte de sus dos hijos. A Carolina le obsesionaba la muerte, de hecho, esta idea es una de las fuentes de su inspiración poética, por ello, no podía soportar la idea de la separación definitiva de sus seres queridos.

Cuando murió su hijo pequeño, después de entrar en crisis, solo consiguió calmarse cuando su marido le prometió que su hijo no sería enterrado, sino emparedado en la catedral de la Almudena, de Madrid, para que ella pudiera ir a verlo cuando quisiera. Todo fue peor cuando murió su hija mayor. Nada podía consolarla y a riesgo de perder la razón, consiguió que el cadáver de su hija quedara en una urna de cristal en la sacristía de un convento madrileño, donde podría visitarlo libremente.

Por desgracia para ella, su esposo, que la había ayudado a sobrellevar tan pesadas cargas, falleció antes que ella, mientras residían en Portugal. Entonces fue cuando Carolina consiguió de las autoridades el permiso para no enterrar a su esposo, dejando su momia expuesta en la capilla del palacio familiar. Allí permaneció 20 años, al cuidado de su amante esposa, incapaz de separarse de él si siquiera en el trance de la muerte.

A la muerte de Carolina, ocurrida en 1911, volvieron a encontrarse...


 
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