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Biografías

Boadbil, el último rey musulmán de Granada.

La figura histórica del rey Boabdil de Granada está gravemente marcada por ser el último gobernante de la España musulmana. Peor incluso peor que esto es el reproche que (según la leyenda) le dijo su madre cuando este lloró al ver por ultima vez su amada ciudad: “Llora como mujer lo que no supiste defender como hombre”.

Su reinado aparece además como una sucesión de engaños, envidias y ansia de poder que terminaron por dañar la imagen de un monarca valiente, decidido y capaz de cualquier cosa por defender a su pueblo.

Boabdil nació en el año 1452, y era hijo del rey de Granada Muley-Hacen. Su infancia estuvo marcada por la fuerte personalidad de su madre, Fátima, la favorita de Muley hasta que este conoció a la cristiana Isabel de Solís, conocida luego como Zoraida.

Los celos provocaron que Fátima pusiera al hijo en contra de su padre, encabezando así casi sin darse cuenta una rebelión contra su propio padre. Lo cierto es que este estaba llevando a cabo una política despótica, sin importarle el sufrimiento de los habitantes del reino, cansados de guerra y padecimiento contra los reinos cristianos.

Así, Boabdil subió al trono en el año 1482, apoyado por la gran mayoría de los habitantes de Granada y por varias familias de la nobleza local.

Con nuevo ímpetu se dedicó a atacar a los cristianos del norte, los cuales preparaban ya el asalto final al reino Nazarí de Granada. Unas primeras e importantes victorias hicieron de él una figura muy popular, hasta que para su desgracia y el reino entero, fue capturado en el transcurso de una batalla.

Se desencadenó así un vació de poder enorme en la corte de Granada, tomando finalmente el poder de forma violenta su tío, conocido como Al- Zagal. Los Reyes Católicos, que por entonces gobernaban Castilla y Aragón de forma conjunta, se dieron cuenta que la presencia de Boadbil en la corte sería un nuevo elemento perturbador, por lo que tras obtener de él un principio de acuerdo para el gobierno compartido de la ciudad de Granada, le liberaron. Como habían previsto, se desencadenó una guerra civil entre los partidarios ambos bandos, lo cual favoreció al final a los Reyes cristianos, los cuales, lograron finalmente obtener la rendición de la ciudad.
Boadbil, vencedor de la guerra civil contra su tio, consintió en la entrega del reino como algo inevitable, vista la superioridad numérica y anímica del bando enemigo, pero intentó asegurar antes de su partida que sus antiguos súbditos fueran tratados sin violencia. Su objetivo fue lograr que se respetaran sus vienes y su religión musulmana, acaptando a cambio su exilio en un valle apartado de la Alpujarra. Se firmaron así las capitulaciones de Santa Fe, e las que se dejaba claro el respeto mutuo que existiría entre ambas comunidades.

Sin embargo, y aunque durante los primeros años se cumplieron en lo fundamental, la presión ejercida por grupos radicales, la falta de paciencia y la intransigencia, llevaron al fracaso al proceso de asimilación. Con los años, se produjeron revueltas violentas de forma crónica, no superando estos problemas hasta más de dos siglos después con la expulsión radical de toda la población morisca de Granada.

Por suerte, Boabdil solo tuvo que sufrir en el momento de la partida. Su destierro no fue nada brillante, languideciendo en sus nuevas posesiones, hasta que tan solo un año después decidió venderlas, como había hecho casi toda la élite local de Granada. Su destino, como el de muchos, fue el reino de Fez, donde obtuvo trato de príncipe, sirviendo fielmente al califa de aquella ciudad, hasta que a edad avanzada le llegó la muerte mientras combatía valientemente en una batalla frente a los pueblos nómadas del desierto. Era el año 1528.
 

 
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