Así en 1858 se trasladará a Chile, donde se familiarizará con las lenguas castellana y mapuche, propias del país andino. Tras los primeros contactos con los caciques locales araucanos y en vista de la buena acogida de su proyecto, decidió autoproclamarse “Rey de Araucania y Patagonia”.
Los nativos estaban contentos, pensando que así podrían enfrentarse mejor a los gobiernos de Chile y Argentina, los cuales deseaban extender sus fronteras por las tierras indígenas.
La ingerencia de este personaje, fue visto como un peligro por las autoridades chilenas, las cuales y por temor a un levantamiento general de las tribus, ordenaron el apresamiento de Antoine. La recompensa que ofrecieron por él, fue suficiente para que su guía local le delatara pese al apoyo de los indios.
Fue apresado, juzgado y considerado loco , por lo que fue retenido en un hospital psiquiátrico, de donde fue librado para devolverlo a su país de origen.
Allí Tounens escribió sus memorias, gracias a las cuales conocemos su extraña aventura. De nuevo en Europa intentó obtener el apoyo del gobierno de Francia para organizar un proyecto de colonización, pero no lo consiguió.
A pesar de esto en 1869 y en 1876 volvió a intentar su aventura, entrando por la Patagonia Argentina, sin embrago, la situación prebélica no le ayudó en nada y las autoridades fueron muy estrictas con sus planteamientos soberanistas.
Finalmente regresó a Francia sin lograr su objetivo, allí murió casi solo, pobre y olvidado. Su aventura dejó una profunda huella en las poblaciones indígenas, las cuales vieron en él a un libertador y a un protector.
Sin embargo sus reivindicaciones no quedaron en el olvido, ya que unos familiares lejanos reivindicaron su título, aunque según pasó el tiempo, todo quedó en un mero apoyo moral a las poblaciones indígenas maltratadas.
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