Pero lo que parecía un regalo para el pequeño reino y su infanta, era en realidad una calamidad, ya que Ricardo no tenía verdaderas intenciones de hacer feliz a su esposa, solo pretendía usarla como fachada para ocultar su verdadera pasión: los jóvenes trovadores de su corte.
Cuando se anunció el compromiso, la joven partió para encontrarse con su futuro esposo rumbo a Francia, donde se encontraba este ultimando los preparativos de su partida a Tierra Santa.
Al encontrarse de nuevo, Ricardo no mostró ningún afecto, y procuró mantenerse alejado de ella, embarcando en barcos distintos. Quiso el azar que el barco en el que había embarcado Berenguela y sus damas de compañía, se alejara del resto de la flota por una tormenta, yendo a parar a la Isla de Chipre, donde el rey de al Isla las apresó y pidió un rescate por ellas. Ricardo, al enterarse, ofendido en su honor acudió a Chipre con el ejercito cruzado y tomó la isla al asalto, matando al extorsionador que retenía a su prometida. De forma que para compensar por el mal trago pasado, Ricardo pensó compensar a Berenguela casándose allí mismo. Y aunque la boda se celebró con gran fasto, después de la ceremonia, Ricardo volvió a embarcarse para seguir luchando en la cruzada, se dice que prefería estar cerca de “sus hombres”. Berenguela permaneció en la fortaleza de San Juan de Acre, a la espera de que su esposo regresara, pero pasaba el tiempo y la situación en Tierra santa se volvía insostenible.
Así que la Reina regresó a Europa poco antes que su marido firmata una tregua con la que se acordaba el “status quo” en la zona.
Berenguela se instaló en Poitiers, ciudad francesa propiedad de los reyes ingleses, donde espero de nuevo el regreso de Ricardo. Otra vez el destino hacía que no se vieran, puesto que Ricardo, a su regreso de las cruzadas fue hecho prisionero en Austria. Cuando fue liberado, tras el pago de un gran rescate, Ricardo regresó a Inglaterra sin pasar ni a ver a su esposa, ya que su corona se tambaleaba.
Así, Ricardo continuó haciendo su vida en Inglaterra y Berenguela en los territorios continentales que poseía la familia Plantagenet. Solo volvieron a verse en otra ocasión, a consecuencia de un nuevo arrepentimiento del monarca, pero sería de forma muy breve. Se conocían tan poco , que se afirma incluso que Berenguela enviudó siendo virgen. En efecto, muerto Ricardo en 1199, la reina viuda continuó en su discreto retiro, olvidada por todos. Su vida terminó en la villa de Le Mans, donde murió en el año 1230, siendo todavía la Reina de Inglaterra, aunque no había pisado ni un solo día el suelo de la Isla de la que era reina.